Search here...
TOP
Textos con alma

El amor no malcría

CRIANZA-CON-AMOR

El amor no malcría: Hoy quiero hablarte desde ese rincón del alma donde habita la culpa, donde se almacenan todas esas frases que escuchamos cuando nos convertimos en madres.

Me ha pasado, y quizás a ti también:
sentir que estoy “demasiado encima”,
que abrazo demasiado, que consuelo de más.
Como si amar mucho fuera un error.
Como si responder con ternura fuera a “estropear” a nuestros hijos.

Pero con los años, con la piel que ha sido cuna y consuelo,
he aprendido una gran verdad que quiero compartirte hoy:

El amor no malcría.

A veces escucho voces que repiten sin pensarlo mucho:
“Lo vas a malcriar si lo cargas tanto”,
“Se va a acostumbrar si siempre lo atiendes cuando llora”,
“Déjalo que aprenda solo, que no dependa tanto de ti”.

Y me quedo pensando…
¿Desde cuándo el amor se volvió un riesgo?
¿En qué momento confundimos la ternura con debilidad?

Yo, que he sido madre con el alma expuesta,
que he aprendido más del amor con un niño en brazos
que con mil libros leídos,
sé que el amor no malcría.

El amor acompaña.
Sostiene.
Da raíces y también alas.

Un niño que es escuchado, abrazado, validado,
no se rompe.
Se fortalece.
Un niño que duerme tranquilo entre los brazos que ama,
es un niño que aprende que el mundo puede ser un lugar seguro.

El amor no estropea.
El amor enseña.
Y enseña sin gritos, sin miedos, sin amenazas.
Enseña con presencia, con paciencia, con esa mirada que dice:
“Estoy aquí, pase lo que pase”.

Prefiero criar desde la certeza de que fui refugio,
que vivir con la duda de si fui distancia.

Porque no, el amor no malcría.
El amor educa.
Educa con dulzura, con conciencia,
con esa entrega que, aunque a veces agota,
también sana y transforma.

Así que abracemos más.
Respondamos más.
Acariciemos sin miedo.
Eduquemos con amor.
Sin temor a malcriar.
Porque cuando un niño se siente profundamente amado,
crece sabiendo amar.

Johannes Ruiz Pitre

Mimitos de Mamá

Johannes Ruiz Pitre

Creo en una maternidad más humana, consciente y emocionalmente presente. Porque criar también es sanar, y en cada mirada hacia nuestros hijos, hay una oportunidad para mirarnos a nosotras mismas con más compasión.

«

»

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *