Tengo un corazón recién nacido frente a mí…
Y eso lo cambia todo.
No se trata solo de enseñar a decir “gracias” o “por favor”.
Se trata de enseñarle a amar sin miedo,
a llorar sin culpa,
a reír con todo el pecho.
La infancia no es un ensayo
Es la vida misma, en su forma más pura.
Cada gesto, cada palabra, cada silencio,
se convierte en raíz,
en eco,
en hogar.
Soy el primer espejo donde aprende a mirarse.
La voz que se quedará grabada en su interior cuando tenga dudas.
Los brazos donde siempre debería sentir que puede volver… sin condiciones.
¿Cómo no elegir la ternura?
Por eso intento, cada día,
hablarle con flores,
corregir con raíces,
abrazar con ramas abiertas.
Porque sé que un día crecerá.
Y será bosque.
Y cuando el mundo sople fuerte —porque lo hará—
quiero que sus raíces le recuerden que nació en tierra fértil.
Que fue nutrido con respeto,
regado con presencia,
y cuidado con un amor que nunca gritó,
pero que siempre estuvo.
El amor que forma, no que deforma
No tengo solo una infancia en mis manos.
Tengo el principio de todo.
Y eso, simplemente…
lo cambia todo.
Gracias por criar desde el amor y la crianza respetuosa. Por elegir mirar con ternura donde otros solo ven rebeldía.
Gracias por ser ese refugio, por ser esa raíz.
Cada día que eliges la crianza consciente, estás transformando el mundo… empezando por uno muy pequeño.
¿Te gustó este texto?
Déjame tu comentario, compártelo con alguien que necesite recordarlo hoy,
y sigue explorando más reflexiones sobre crianza respetuosa en este blog.
Johannes Ruiz Pitre



Leave a Comment