Y entonces, me dijeron…
«Vamos a dormir mamá», susurra mi hijo mientras me envuelve con sus pequeños brazos alrededor de mi cuello. Siento una sensación especial cada vez que lo hace… y mientras siento como va cayendo su peso en mi pecho, noto como va cambiando el ritmo de su respiración.
Esta noche en la cama, se acurruca junto a mí, como lo ha hecho tantas veces. Mi corazón se siente pleno. Y pienso lo mucho que me gustaría que esta noche fuese eterna.
Todo lo que quiero es hacer una pausa y quedarme aquí, retrasando el sueño para poder disfrutar de estos preciosos momentos con mi hijo, porque se que está creciendo demasiado rápido, y estos días en mi cama, están contados.
Si, la maternidad es agotadora… pero no quiero perderme un solo momento de su compañía. Y además, él me necesita. Su necesidad de consuelo es válida. No importa lo que diga nuestra cultura insensible, esto que mi instinto me dice que haga, es normal.
Estas noches durmiendo juntos grabarán recuerdos profundos y hermosos en mi alma y espero que también en la suya. Llevamos varios años compartiendo sueños.
Yo he estado aquí, amamantándolo, sosteniéndolo o simplemente acostada a su lado. Sin embargo, todos me dijeron que no lo hiciera.
Me dijeron…
Me dijeron que necesitaba ser dura con él, o le crearía malos hábitos.
Me dijeron que me utilizaba de chupete humano. Como si los chupetes se hubiesen inventado antes de que la madre naturaleza nos diera dos tetas.
Me dijeron que nunca aprendería a calmarse.
Me dijeron que mi relación de pareja fracasaría.
Me dijeron que los bebés y los niños necesitan a sus padres durante el día pero, que «extrañamente», por la noche deberían dormir solos.
La ternura de mi maternidad no disminuye cuando se pone el sol.
En la tranquilidad y silencio de la noche, donde mi bebé buscaba consuelo y comida, ahora me cuenta sus secretos más íntimos. Es en estos momentos en que nuestra confianza alcanza cada día nuevas profundidades y él sabe, que puede contar conmigo y que yo estaré allí para escucharle.
Estaré allí, para que no se quede sin consuelo cuando lo necesite.
Estaré allí, para que no se vea obligado a fingir una madurez más allá de sus años.
Estaré allí para que no tenga que temer, si así fuera, a los monstruos debajo de la cama solo.
Estaré allí, para que tenga una base sólida donde pueda crecer hasta convertirse en un niño confiado e independiente.
Estaré allí, para que sepa que la vulnerabilidad es bienvenida, que sus necesidades son importantes y que expresar sus emociones es algo natural.
Estaré allí, y continuaré escuchando a mi hijo, a sus suaves susurros mientras se duerme, a su respiración tranquila y a mi corazón hablándole.
He aprendido que la crianza es mucho más que dormir. Tenemos mucho por ganar teniendo el coraje de confiar en nuestros instintos.
No, no digo que sea fácil, pero yo elijo la incomodidad si es el precio de una maternidad significativa. Mientras tanto, bailaré con mi hijo, lentamente a través nuestros latidos, día y noche.
Me acostaré a su lado para que duerma todo el tiempo que lo necesite porque sé que un día, sin previo aviso, ya no necesitará que me acueste con él. Crecerá y dormirá en su propia cama y mi esposo y yo no creeremos cuán rápido pasaron las noches de sueño compartido y se que las recordaremos con gratitud.
Me dijeron tantas cosas… pero yo elegí mi intuición.
Esta noche es nuestra. Esta noche es un regalo. Esta noche la comparto contigo, hijo.

Marines
22 mayo 2020Uy! Tantos me dijeron que creí y hoy me gustaría regresar el tiempo y además crear mas consciencia, que bueno que tu lo estas haciendo! Me encanto el post!