La vida me ha dado un regalo. Un regalo único y especial. Un regalo grande muy grande: Me ha dado el privilegio de amarte.
De llevarte dentro, y sentir tu corazón latiendo junto al mío, a veces, al mismo compás… El privilegio de sentir tus pataditas dentro de mi vientre, esas sensaciones no las olvidaré jamás, por más que pase el tiempo ¿Cómo olvidar nuestra primera forma de comunicarnos?
Tengo el privilegio de ser tu centro de atención. De ser tu mundo aparte, un mundo que necesitas con exclusividad, que exiges para ti al 100%.
Tengo el privilegio de sentirte, de tocarte, de olerte y escucharte. De verte reír. De oír tu respiración. De disfrutarte con mis 5 sentidos.
De llevarte de la mano y ayudarte a dar tus primeros pasos, de que confíes en mí, y tomes mi mano con confianza sabiendo que no voy a dejarte caer. Esa mano, sabes que estará aquí siempre, para apoyarte cada vez que sientas que puedes caer.
Tengo el privilegio de enseñarte cada una de las palabras que sabes. Tengo el privilegio de escuchar de tus labios la palabra que nos une… cuando me llamas mamá.
De velar tus sueños, de ser tu acompañante en tus desvelos, de ser la protectora de tus miedos.
Tengo el privilegio de ser tu mamá. Y no hay mayor privilegio en el mundo que ese.

Raquel Jiménez López
4 marzo 2020He sentido cada palabra desde el principio como si fueran mías , gracias por un texto tan bonito. Enhorabuena