El abrazo que llamamos familia
Porque familia no es solo quien comparte tu sangre, sino quien te arropa el alma
Hay días que no necesitan grandes celebraciones, sino pequeños recordatorios. Hoy, el calendario nos susurra que es Día de la Familia, pero en realidad, la familia se celebra cada vez que unos ojos te miran con amor aunque estés despeinada, cada vez que unas manos pequeñas se cuelan en las tuyas para recordarte que eres su hogar.
Familia es ese nido que se construye con paciencia, con grietas y remiendos, con risas que estallan en la cocina y con silencios que también saben acompañar.
Es la voz que te arropa cuando el mundo te grita, el hombro donde lloras sin juicio, el refugio donde siempre, siempre puedes volver.
Puede tener mil formas y colores:
A veces es mamá y papá.
Otras, es solo mamá, o solo papá.
A veces son abuelos que se vuelven padres por segunda vez.
Tíos que hacen de cómplices, hermanos que son escudos.
Y también amigos que se convierten en tribu.
Porque familia no es solo la que te vio nacer, sino la que te ve renacer.
La que te sostiene cuando flaqueas y te celebra cuando vuelas.
Hoy te invito a abrazar a tu familia. A la que está cerca y a la que vive en el recuerdo.
A decir “te quiero” con la voz o con un gesto.
A ser esa casa con ventanas abiertas y amor en los rincones.
Porque al final, cuando todo lo demás se tambalea,
la familia —la que se elige, la que se cuida, la que se honra—
es ese hilo invisible que nos teje y nos salva.
Feliz Día de la Familia. Que nunca falten abrazos que sepan a hogar.
Johannes Ruiz Pitre



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