¿A qué huelen las mamás?
Las mamás huelen a hogar, incluso cuando estamos lejos.
Huelen a ese perfume invisible que sólo el alma reconoce:
una mezcla perfecta de café recién hecho, crema de manos y besos en la frente.
Huelen a madrugada sin queja, a sábana tibia,
a lágrimas secadas con paciencia,
a abrazo que espera sin reloj.
Huelen a “todo va a estar bien”,
a risas que curan,
a cuentos repetidos una y otra vez con la misma ternura de la primera vez.
A regazo que no juzga,
a consuelo con nombre propio.
Las mamás huelen a memoria.
Porque su aroma se queda pegado al corazón,
como una carta guardada en el cajón más íntimo del alma.
A veces, huelen a cocina con prisa,
a lavanda en la almohada,
a la colonia que usaban cuando nos llevaban de la mano al colegio.
Y otras veces, cuando ya no están,
huelen a nostalgia que abriga,
a ausencia que nunca se va del todo.
¿A qué huelen las mamás?
A amor.
A ese amor que no se lava, ni se borra,
ni se olvida.
Porque las mamás…
huelen a eternidad.
Johannes Ruiz Pitre



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