Search here...
TOP
CONSULTORIO DE MIMITOS

Cómo acompañar a tu hijo después de una separación

los hijos y el divorcio

Pregunta real de una mamá:

Hace un mes me separé de mi esposo, tenemos un niño de 7 años y se ha vuelto todo un reto. No quiere comer, se la pasa enfadado, me ve con cara de odio y hasta me hace berrinches (lo que antes no hacía). Sé que todo esto se debe a la separación, pero a veces ya no sé cómo manejar la situación. Agradezco sus consejos.”

Querida mamá:

La separación no solo nos rompe a los adultos…

También rompe el mundo tal como lo conocían nuestros hijos.
De repente, el sillón favorito ya no es de todos. La risa a dos voces ya no suena. Papá no está por las mañanas. Mamá llora bajito en el baño.

A los 7 años, los niños no tienen el lenguaje emocional que tenemos los adultos. Lo que sienten, lo expresan como pueden:

  • Comiendo menos.
  • Mostrando rabia.
  • Poniéndote a prueba para ver si tú también te vas.
  • Haciendo berrinches que son gritos por dentro.

🛠 ¿Qué puedes hacer tú?

  • Rutina estable: cuando todo cambia fuera, lo interno necesita seguridad.
  • Validación emocional: no corrijas lo que siente, acompáñalo.
    “Está bien estar enfadado. Yo también a veces lo estoy.”
  • Presencia real, aunque no siempre alegre: no necesitas fingir. Necesita tu verdad.
  • Un espacio para hablar, sin presionar: puedes decir:
    “Estoy aquí si quieres hablar de cómo te sientes con lo de papá.”

Una frase para ti, mamá:

“Estás criando en medio de una tormenta emocional, y aún así, eres abrigo. No estás fallando. Estás cuidando, incluso mientras te duele.”

A veces los hijos no lloran la separación con lágrimas,
la lloran con rabietas, silencios y miradas que duelen.
No te odia, le duele.
No te rechaza, está buscando sostén en medio de su mundo que cambió.

Sé amable contigo, mamá.
Estás sanando mientras sostienes.
Tu hijo no necesita que seas invencible,
solo que estés.

Johannes Ruiz Pitre

Mimitos de Mamá

Johannes Ruiz Pitre

Creo en una maternidad más humana, consciente y emocionalmente presente. Porque criar también es sanar, y en cada mirada hacia nuestros hijos, hay una oportunidad para mirarnos a nosotras mismas con más compasión.

«

»

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *