Un testimonio, no una invitación. Un relato, no un ideal.
Quiero comenzar diciendo algo que para mí es fundamental:
Este texto no busca romantizar la maternidad adolescente, ni convertirla en una meta deseable.
Tampoco es una bandera que levanto para invitar a otras niñas a recorrer el mismo camino.
Este es solo mi testimonio, una historia real que nació del caos y la ternura, del miedo y la fuerza.
Porque fui madre adolescente. Y aunque no fue fácil, no me avergüenzo de lo vivido, ni del amor inmenso que creció en mí.
Entre juicios y estigmas: el peso de una mirada ajena
Cuando una adolescente se convierte en madre, el mundo suele señalar más de lo que abraza.
Las etiquetas caen como piedras: “irresponsable”, “se arruinó la vida”, “muy joven para ser mamá”.
Pero detrás de cada caso hay una historia humana.
No fue una decisión consciente. No fue un plan.
Fue una realidad que llegó antes de tiempo, sin instrucciones ni aplausos.
Y aun así, me levanté. Porque una vez que la vida te crece en el vientre, ya no puedes retroceder.
Solo avanzar. A veces temblando. A veces llorando. Siempre amando.
Criar y crecer al mismo tiempo
Lo más difícil no fue cuidar a un bebé.
Fue cuidar de mí mientras aprendía a cuidar de él.
Madurar de golpe. Pasar de juegos a vacunas, de clases a pañales, de sueños rotos a esperanzas improvisadas.
No tenía todas las respuestas, pero tenía el corazón lleno.
Y eso, aunque no basta, fue mi punto de partida.
No fue el final de mi historia, fue un nuevo comienzo
No voy a negar que me costó más.
Que sentí miedo, soledad, angustia.
Que me perdí de cosas. Que postergué muchas otras.
Pero también gané: una conexión poderosa con mi hijo.
Una mirada distinta del mundo.
Una sensibilidad que hoy me permite acompañar a otras mujeres.
A ti, que lees esto
Si tú también fuiste madre joven, quiero abrazarte con estas palabras.
Si no lo fuiste, pero conoces a alguien que sí, léelo con empatía.
Y si eres una adolescente y estás leyendo esto, por favor escúchame:
la maternidad no es un juego, ni una vía de escape, ni una prueba de amor.
Es una responsabilidad inmensa que merece ser vivida con preparación, apoyo y conciencia.
Este post no busca animarte a ser madre antes de tiempo.
Busca mostrar que incluso cuando la vida se desordena, el amor puede ordenarnos por dentro.
Pero ojalá no tengas que aprenderlo tan pronto.
Johannes Ruiz Pitre



Leave a Comment