Querida mamá primeriza,
Hoy el mundo te llama mamá, y aunque aún te estés acostumbrando al eco de esa palabra, ya la llevas tatuada en el alma.
Sé que estás cansada. Que a veces dudas, lloras en silencio o te preguntas si lo estás haciendo bien. La respuesta es sí, lo estás haciendo con todo el amor posible… y eso ya es muchísimo. Tu corazón se ha ensanchado de golpe para sostener una vida nueva, y ese milagro merece ser celebrado, reconocido y abrazado.
Tal vez nadie te dijo que ser mamá no es solo dar a luz, sino también renacer tú, con nuevas preguntas, miedos que antes no existían y un amor tan inmenso que a veces duele un poco. Pero también trae risas que suenan distintas, momentos que detienen el tiempo, y una ternura que no cabe en ninguna palabra.
A veces sentirás que te partes, que no llegas, que te pierdes. Pero también sentirás cómo te encuentras, cómo te haces fuerte, cómo aprendes a ser abrigo, refugio, alimento, consuelo y melodía. Nadie nace sabiendo ser madre, pero el instinto se afina con cada mirada, con cada noche en vela, con cada latido compartido.
No te exijas ser perfecta, porque tu bebé no necesita una madre perfecta, sino una madre presente, real, humana… y tú ya lo estás siendo.
Confía en tu intuición, escucha a tu corazón antes que a las opiniones ajenas, y recuérdate que estás creciendo al mismo ritmo que tu bebé.
Te mereces descanso, apoyo, compañía. Te mereces abrazos sin condiciones y palabras que te recuerden que no estás sola. Así que aquí va el mío: gracias por ser el hogar de una nueva vida. Gracias por tu entrega silenciosa, por tus lágrimas escondidas, por tu amor infinito.
Y cuando dudes, cuando sientas que no puedes más, mira a esa pequeña personita que te ama sin medidas. Y recuerda: tú eres su mundo. Su lugar seguro. Su todo.
Con todo el cariño del universo maternal,
Una mujer que también fue madre por primera vez… y que nunca dejó de aprender,
Johannes Ruiz Pitre



Leave a Comment